Esta entrada podría formar parte de un blog más
amplio, que no pertenezca solo a prensa. Pero, al mismo tiempo, podemos decir
que dentro de lo que implica el trabajo de prensa, cuadra bien.
Existe un artefacto, omnipresente, utilizado
para múltiples usos y aplicaciones, para Whatsapp, Facebook, Instagram y Tik
Tok, incluso para enviar y recibir mails, que antes de ascender a inteligente,
o smart, servía para hablar por teléfono.
Ese objeto, que ocupa bolsillos y carteras,
escritorios y mesas de luz, camas y demás, que nos ilusiona con novedades y nos
quita el sueño, por lo mismo, a veces reclama ser usado para su fin primero, o
inicial, que era justamente intercambiar palabras, a distancia, con otras
personas, a través de la voz.
El advenimiento del mail, primero, le “robó”
llamadas al artefacto. Así fue como muchos de los intercambios pasaron a
realizarse por escrito. Más tarde, el Whatsapp, con su mayor instantaneidad y
la posibilidad (tan incómoda para algunos) del mensaje de voz, le quitó lo poco
que le quedaba de original a la clásica llamada y la charla con el otro.
Pero a pesar de la infinita utilidad de esos
avances, ni el mail ni el whatsapp le pueden quitar al intercambio telefónico
el gran valor que, aun hoy, tiene. Y la mala noticia es que, por prescindir de
su uso, muchos temas se hacen más largos y tediosos, ganando espacio los malos
entendidos, las preguntas sin respuesta y los supuestos que quedan deambulando
por cada una de las cabezas.
Por Prensa, ¿cómo
estamos?
Yendo puntualmente a nuestro trabajo de prensa,
si bien el Whatsapp es una herramienta genial, a esta altura podríamos decir
que, de tan usada y tanto que escribimos a periodistas, ya pasó a ocupar un
lugar no muy diferente al que tenía el mail unos años atrás.
Antes, escribíamos un Whatsapp, de vez en
cuando, para ver si habían leído un mail. Ahora, ya el whatsapp a veces queda
sin leer, debido a la gran cantidad de mensajes que se producen. Y entonces,
nuevamente la llamada pasa a ser esa comunicación concreta, real, sincrónica y
llena de matices que debemos recordar.
Pero hay más. En la llamada, dado que no
tenemos el tiempo de escribir, pensar, corregir y demás, salen cosas
inesperadas, improvisadas, errores, y muchas veces, de esos intercambios menos planeados
surgen otros temas, nuevas ramas del árbol inicial de la conversación. Así es
como se suelen consolidar las relaciones, habiendo lugar para lo inesperado, la
sorpresa.
Ojo, claro está que a veces también sucede lo
contrario. Uno atiende de mal humor porque lo deconcentraron, y entonces lo que
podías responder más tarde, amablemente, por escrito, lo hacés en el momento y
quizás de mala manera. Si a alguno le suena…
Volviendo a lo inicial, me he encontrado en los
últimos tiempos, con varios temas que, después de darle vueltas, decidií
resolverlos con una llamada. Y me sorprendió cómo ese intercambio, a veces,
puede ser tanto más efectivo que los mil mails y whatsapps que enviamos.
En lugar de pensar la mejor manera de dejar
alguna duda o incomididad plasmada por escrito, con los malos entendidos que
eso puede generar en el otro, llamar y plantear el tema, de manera que el
intercambio sea más abierto, más instantáneo y menos interpretativo.
Por eso, no digo siempre, pero de vez en
cuando, no olvidemos que ese smart phone, además de todo, sirve para hablar por
teléfono. Usarlo trae muchos más beneficios que los que solemos pensar.